La economía solidaria pone a las personas, especialmente a los trabajadores de bajos recursos y de clase trabajadora y a las persona de color, y a un planeta habitable por encima de las ganancias. Las economías solidarias se enfocan en la propiedad democrática y colectiva y en el control comunitario de los sistemas que distribuyen lo que los seres humanos necesitan para vivir con dignidad y lo que el planeta necesita para prosperar.
Una manera de pensar en la economía solidaria es el contraste con nuestro sistema económico actual, que está organizado en torno a la creación de la mayor cantidad posible de ganancias para los propietarios, jefes e instituciones, sin importar el costo para los trabajadoras o el planeta. Este sistema económico va más allá del dinero y afecta casi todos los aspectos de nuestras vidas – los tipos de alimentos a los que podemos acceder y que podemos pagar, donde podemos vivir, los tipos de trabajo que podemos realizar, que tan seguros y conectados nos sentimos con nuestros compañeros de trabajo y nuestras comunidades, y hasta cómo nos sentimos acerca de lo que es posible para el futuro.
Para alejarnos de este tipo de economía, tenemos que crear maneras de trabajar juntos de forma diferente, que se enfoquen en la cooperación en lugar de la competencia o las ganancias. La economía solidaria consiste tanto en crear instituciones que funcionen de manera diferente como en desarrollar formas de relacionarnos entre nosotros basadas en la cooperación y el cuidado.
Los elementos fundamentales de la economía solidaria incluyen negocios cooperativos propiedad de los trabajadores o de la comunidad, cooperativas de vivienda de capital limitado, fideicomisos comunitarios de tierras, grupos de ayuda mutua, cooperativas de crédito, bancos públicos, fondos de préstamos solidarios y otras instituciones a través de las cuales podemos poseer y controlar colectivamente la tierra, el dinero y nuestro trabajo.
El concepto y la práctica de la economía solidaria comenzaron con movimientos sociales en América Latina y , en las últimas décadas, se han convertido en un movimiento global de comunidades que ponen en práctica alternativas al capitalismo. En DC, Maryland y Virginia, Beloved Community Incubator está trabajando para construir una economía solidaria regional, en las que las cooperativas propiedad de los trabajadores, los proyectos de ayuda mutua, las cooperativas de vivienda y otros proyectos de propiedad comunitaria trabajen juntos para construir alternativas locales al capitalismo basadas en el cuidado y la cooperación.
